Augusto C. Sandino 1895-1934

Con Sandino
Rodolfo Artiga López

     

México entero sintió en su alma algo extraordinario cuando los rotativos anunciaron el inesperado arribo del Héroe de las Segovias. Llegó procedente de Yucatán cuando nadie lo esperaba. Cuando la gran ciudad no era más que un solo canto de vida ante los escrutadores en esta capital, Dr. Pedro José Zepeda, que quedó atónito al ver entrar a su despacho al ínclito luchador. La noticia se regó por toda la urbe inquieta, a manera de claros rayos de sol que iluminaban corazones henchidos de patriotismo.

            Sandino sigue siendo el mismo hombre de lucha: Es el alma de la raza vibrante, hecha de bronce y de granito, que comulga con el templo del Dolor y del Sacrificio. Cada palabra suya es un grito de optimismo. Hasta el huracán del tiempo parece que se detiene a contemplar al hombre minúsculo, con gestos de gigante.

            Me estaba picando la curiosidad de verlo. La obsesión de hablarle me hacía ver visiones en mis ratos de ocio: ya al hombre tosco de mirada torva, al atleta de espaldas anchas, o bien al soldado inculto forjado por el yunque del patrio tosco. Y mis deseos se quedaron satisfechos, cuando una tarde el escritor Armando Chavarri Matamoros y el periodista Ernesto Carrera (compañero de labores) me dijeron: “Armas al hombro. Con dirección a Sandino, de frente mar…”

            No me hice esperar. Me armé de un lápiz, y de cuartillas, y minutos después estábamos frente al hombre que inquieta al tío Sam. Lo rodeaba su Estado Mayor y daba órdenes a su secretario Martí (salvadoreño).

            Empezó a charlar con nosotros. Sus palabras seguras y sus ideas claras nos dicen mucho de su buena ilustración.

            “Nuestros pueblos están hambrientos,” nos dice. “A gritos piden pan de justicia y el mundo entero ensordece para temblar después ante una bandera de barras y de estrellas, porque cada barra es un tentáculo y cada estrella una maldición que destruye libertades.”

            Se enardece y sus ojos de tigre indómito quisieran petrificar con su mirada al mismo sol que alumbra al Coloso Pirata del Norte.

            Qué conceptos tiene usted sobre el comunismo, General? “El comunismo está aureleado de libertad. Cada hombre lleva un espíritu libre. Jesucristo forma parte de la noble cadena de los grandes comunistas. Más, nos estamos perdiendo. Los hombres empiezan a corromperse manchando la Santa Religión. Explotan y asesinan profanando al envolverse con nuestra bandera. Rusia se salvó por el comunismo y ya se empezaba a perder de nuevo, porque bajo esa bandera de libertades puras, habían corrompidos.”

            El cable que nos trae noticia de que sus hombres siempre están en acción. Es cierto? “Así es. Pero me necesitan, aquí un puñado de valientes que ofrendad su vida por la más noble de todas las causas. Los que me han creído vencido me verán otra vez con el fusil en la mano conquistando la libertad de Nicaragua, que es la libertad de América Latina. Los que me odian han dicho que me vendí. No soy Judas, ni lo seré nunca. La traición no la perdona ni el peso de los siglos. Que yo me iba a suicidar, dijeron también. Mas esos imbéciles no saben que mi vida no me pertenece. Mi vida es mi raza: los indios morenos. Y he de morir luchando para que la juventud de la América mía continúe la labor sagrada que yo empecé: arrojar al invasor maldito. Arrojar a los piratas modernos de intervenciones amistosas. Ya es hora. Las Segovias me reclaman. Allí me espera en pendón que enarbolé sobre los picachos de los montes. Ese pendón bendito bañado con sangre de patriotas.

            “América Hispana. Que hermoso nombre. Y fuera aún más hermosa esta india morena, si fuera libre. Yo quise evitar el derramamiento de sangre e invité a todos los gobernantes latinoamericanos para celebrar una conferencia en Argentina. Pero desgraciadamente todos estos hombres están enfermos de cobardía. Ya lo sabía. Y cuando más decepcionado estaba por el gran silencio que guardaban los mandatarios de América, recibí la respuesta del único valiente que afrontó el peligro: Dr. Pío Romero Bisque. Esa república, que es todo corazón, estaba conmigo. Fue la única, y a pesar de ser tan chica, no tembló ante el Coloso.”

Se anuncia unos periodistas yanquis. Nosotros comprendemos que es bueno retirarnos y tendemos la mano al nuevo Bolívar calumniado por los hijos bastardos de la América Española.

México, D.D., Enero de 1930

 

(El Nuevo Día. Ágora del pensamiento y la Acción. San Salvador, Ano II, No. 14, Marzo de 1930, p.3). Director y Redactor: Br. Manuel López Pérez.

   

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